
Hace unos minutos había publicado un post acerca de mi hija Meg. Pero cuando iba a actualizar en Veneblogs me acordé de la tragedia de Afrael Ortiz, de toda su familia y de Venezuela entera. Y la voz interior que nunca se calla me gritó "¡manifiéstate, coño!". Porque no puede uno quedarse impávido ante lo que está sucediendo. Entonces borré mi post cuento-de-hadas acerca de mi hija y aterricé en la realidad que es imposible, por más que se quiera, soslayar.
La cochinada que le han hecho a Pericles Ortiz, un honesto trabajador asesinado vilmente por la CICPC en Araure, no tiene nombre. Ni explicación. Ni excusa. Lo masacraron a mansalva, cuando se dirigía a su casa después de tejer un sueño de futuro en otra ciudad. Y para más ñapa, no contentos con haberlo ejecutado de la manera más absurda, abyecta y criminal encima se están dedicando a enlodar su nombre. A hacerle creer a titirimundi que Pericles era un hampón que se merecía ese final. Pero hay verdades que no se pueden tapar ni con un cerro. Y la realidad real y absoluta es que los hampones, asesinos, narcos y delincuentes son ellos. Las ratas de alcantarilla que mataron a este hombre ejemplar, de buena familia y conducta intachable.
Uno quisiera entonces tener una varita mágica y actuar. Pero no matando a esos indeseables como perros, como se lo merecerían. No. Uno quisiera abrirle las cabezas a quienes rigen los destinos de Venezuela y sembrarles conciencia. Equidad. Objetividad. Verdad. Honestidad. Y sobretodo, la sed de erradicar la podredumbre enquistada desde hace años en los mal llamados cuerpos de seguridad y sanear esos antros de hampones y malditos. Y también, de paso, hacer valer eso que llaman JUSTICIA y que hace rato perdió su honorable significado. Pero no tengo la varita y me entra un desaliento que no es ni la milésima parte del desaliento que debe estar padeciendo la familia de Pericles en estos tristísimos instantes.
Hoy nuevamente me uno a la voz de protesta por la inseguridad galopante que reina en Venezuela. Por la impunidad asquerosa de estos crímenes horribles. Por las inmundas y podridas instituciones del Estado. Por la indiferencia de los gobernantes. Por el dolor de tantas familias que no tienen a quien acudir por justicia. Por la injusticia de lo que le han hecho a Pericles y a muchos otros. Por el miedo. El miedo a perder nuestros seres queridos y quizás la propia vida.
No tengo la magia para enderezar el mundo pero tengo un inmenso sentimiento de solidaridad humana que me empuja a pedirte a tí que me lees que te unas a esta cadena de protesta.
Por Pericles, por Afra, por Venezuela entera.
Y por tí, porque mañana "podrías ser tú".La cochinada que le han hecho a Pericles Ortiz, un honesto trabajador asesinado vilmente por la CICPC en Araure, no tiene nombre. Ni explicación. Ni excusa. Lo masacraron a mansalva, cuando se dirigía a su casa después de tejer un sueño de futuro en otra ciudad. Y para más ñapa, no contentos con haberlo ejecutado de la manera más absurda, abyecta y criminal encima se están dedicando a enlodar su nombre. A hacerle creer a titirimundi que Pericles era un hampón que se merecía ese final. Pero hay verdades que no se pueden tapar ni con un cerro. Y la realidad real y absoluta es que los hampones, asesinos, narcos y delincuentes son ellos. Las ratas de alcantarilla que mataron a este hombre ejemplar, de buena familia y conducta intachable.
Uno quisiera entonces tener una varita mágica y actuar. Pero no matando a esos indeseables como perros, como se lo merecerían. No. Uno quisiera abrirle las cabezas a quienes rigen los destinos de Venezuela y sembrarles conciencia. Equidad. Objetividad. Verdad. Honestidad. Y sobretodo, la sed de erradicar la podredumbre enquistada desde hace años en los mal llamados cuerpos de seguridad y sanear esos antros de hampones y malditos. Y también, de paso, hacer valer eso que llaman JUSTICIA y que hace rato perdió su honorable significado. Pero no tengo la varita y me entra un desaliento que no es ni la milésima parte del desaliento que debe estar padeciendo la familia de Pericles en estos tristísimos instantes.
Hoy nuevamente me uno a la voz de protesta por la inseguridad galopante que reina en Venezuela. Por la impunidad asquerosa de estos crímenes horribles. Por las inmundas y podridas instituciones del Estado. Por la indiferencia de los gobernantes. Por el dolor de tantas familias que no tienen a quien acudir por justicia. Por la injusticia de lo que le han hecho a Pericles y a muchos otros. Por el miedo. El miedo a perder nuestros seres queridos y quizás la propia vida.
No tengo la magia para enderezar el mundo pero tengo un inmenso sentimiento de solidaridad humana que me empuja a pedirte a tí que me lees que te unas a esta cadena de protesta.
Por Pericles, por Afra, por Venezuela entera.
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(hoy, los corazones están de luto)
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