jueves, septiembre 27, 2007

Veinte años ya......




La odié a muerte. Y lo supiste.
Isabel también, pero se hizo la loca. Dispuesta a disfrutar la “pieza” que la invitaste a bailar , tú empujado por mamá que no soportaba verla más sola que la una. Enconchada en una esquina y aceptando con resignación la desgracia de su viudez. Pero a mamá -que era tan pachangosa- no le daba la gana que hubiesen almas en el mundo sin echar un pié. Se quedaba sin bailar contigo tu canción favorita con tal de que Isabel supiera de una vez por todas que Billo era capaz de espantar las penas más hondas. Y yo la odié a muerte – y lo supiste- por ocupar el lugar de mi  santa madre en aquel salón. Con tu mano en su cintura. Con su cadencia de mujer adulta marcando el paso del hombre ajeno. Como ajena fué su risa a mi desolación. A la virulencia de mis celos imberbes. A la furia de mis diez años recién cumplidos. Es que esa canción –ésa, precisamente- marcó un amor lleno de controversias . Sólido y vergatario. El amor de ustedes. El catire y la morena de sabor a mar . La de los rizos insólitos que desafiaban tempestades. El amor que me trajo a este puto mundo. El amor que aún sigue allí, a pesar de que a Billo –y a tí- se los llevó hace rato el viento de la inmortalidad.
Ando recordando aquella fiesta desde hace rato. A la viuda Isabel. A mamá , que hoy estará rezando por tí. A tí más que a nadie. Que nunca te fuiste. ¿Qué puedo decir? Eres como mi llavero de cuerito, vas conmigo a todas partes y me mata el no encontrarte. Ha pasado el tiempo y me divierto un mundo enterándome de que aún estás allí, dispuesto a compartir un helado de chocolate con tu bebita. Sólo que te lo cambio por el de fresa, el marrón no me va.....
Hoy hace veinte años de tu muerte física. Lloré mucho, ¿recuerdas? Pero ya no. ¿A qué fin? Si hoy estás más que nunca entrepiteándome la vida. Mimándome el alma. Pintando margaritas para mi álbum. Y yo te dejo, claro. Al son de tu recuerdo imperecedero. Al compás de aquella canción inefable que me hizo algún día odiar a Isabel y a quererte más a tí. Y por ello soy afortunada.
Cántamela, Memo querido. Que mi padre y yo vamos a bailar.

domingo, septiembre 23, 2007

The Question


Sábado en la noche.

Las últimas margaritas –no las flores- del ya fallecido verano se dejaban colar. Los mismos de siempre. En la misma mezcla extraña. Los jodedores. Los analíticos. Los impredecibles. De repente y ya medio zaratacos nos enfrascamos en un debate que nadie premeditó. What’s the proper loading of toilet paper dispenser? The over method or the under one? O sea cómo carajo es más apropiado colocar el papel tualé en el dispensador. Los más inverosímiles motivos fueron expuestos para defender la teoría de la punta para adelante o la punta para atrás. La cuñada de zutanito insistía en que la punta para adelante no se le perdía jamás. Su mamá le espetó que era una floja, que con rodar el papel un poco se conseguía la punta. La hija de menganito refutaba este argumento, diciendo que con la punta para adelante se controlaba mejor la caída libre del papel. Su hermano la llamó bruta, exclamando a continuación que era lo contrario, debido a unas leyes de física de no sé quién. Mi suegra dijo que me preguntaran a mí que seguro de eso me encargaba yo (mi manía por ordenarlo todo es vox populi) Yo dije que me daba igual la cosa. Y es que jamás había pensado en eso. “What’s your point, Bill?” gritó alguien en el fondo acordándose de que mi esposo existía y estaba allí. Expectación total. Todos callaron para escuchar la opinión del gran gurú....

Entonces mi esposo contestó muy campante que mejor era que nos perdierámos por un buen tiempo, porque de tanto vernos y hablarnos casi a diario terminábamos discutiendo pendejadas.

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domingo, septiembre 16, 2007

Un Brindis


Por él.

Porque siempre fué noble. Desde chiquito. Aún cuando en la infancia lo maltrataba, se pegaba de mí meloso. Cariñoso. Se fajaba a corear mis canciones estúpidas. A alcahuetear mis loqueras. A hacerse el muerto, cuando lo hería sin piedad. A hacerse el mudo, para no caer en el juego de los idiotas que creen que las palabras se las lleva el viento y no hieren ni dejan huellas. Y no, no era un pendejo. Es que era (y es) noble. Hermoso. Solidario. Y sobretodo, inteligente. Sabía desde que andaba en pañales que yo necesitaría mucha ayuda (la suya) para ser lo que él siempre fué desde que nació: gente. Y me enseñó y yo aprendí sin más remedio creyendo que me la comía, cuando en verdad tuve que rendirme ante la evidencia de que no le llegaba ni a los zapatos. Por él supe lo que era el perdón y por él supe valorar aún más el amor a la familia. Aún hoy, no sabe que él fué aquella cuerda de la cual me aferré para no seguir cayendo. No le he dicho que en mis peores momentos la llamada que esperaba era siempre la suya. Seguro se reíria, pero se guardaría también una lagrimita bajo llave. Porque él es así. Puro corazón. Aunque se las dé de escandalosamente mundano y desarraigado.

Algunos necesitamos perdernos para encontrarnos. Unos se quedan en la espesura boscosa y negra y no salen jamás. Otros vivimos una peligrosa travesía donde tenemos la dicha de tropezarnos con un claro de manos extendidas. Yo tuve el buen tino de escoger las adecuadas. Y las de él, siempre estuvieron en primera fila. Expectantes. Amorosas. Fuertes. Y sobretodo, sordas a las voces del pasado.

Siempre hemos sido cómplices en las buenas y en las malas y siempre lo seremos. Él siempre será el primero en saber mis secretos, yo siempré seré la primera (y tal vez la única) en escucharlo llorar. Los quiero a todos en grande, pero él es y será siempre el hermano favorito.

Hoy está aquí conmigo y ando inmensamente feliz.

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domingo, septiembre 09, 2007

first sight


En una barbecue familiar para despedir el verano , la prima le pregunta a Lizzie por el amigo que la acompaña. Ella le dice que es un casi-novio, aún no se decide a darle el sí. La prima – para quien todo lo que no se parece a Johnny Depp es escoria- se ríe bajito y le comenta que el chico es feo. “Think about it”, le susurra la chica, “You deserve better”. Lizzie me mira, recordando una conversación madre –hija que tuvimos ya hace un tiempo. Yo le devuelvo en cambio una sonrisa que le indica que el chico tiene mi aprobación, aunque no se parezca en nada a DiCaprio.

Ya se está dando cuenta que los muy bonitos son, la mayoría de las veces, cabezas huecas. Bravo por ella, porque yo lo supe bien tarde. Los “comunes y corrientes” muchas veces sorprenden con sus talentos. Recuerdo a Elliott Yamin -antes de toda su fama- hacerle ojitos a Lizzie cuando íbamos a la farmacia donde el chico trabajaba. Ella ni caso le hizo y probablemente ahora, que Lizzie se corta las venas por sus canciones, Yamin ni siquiera la reconocería.

Así vamos por la vida, pendientes de la primera impresión. Sin darnos cuenta que detrás de cualquier sapo puede haber un príncipe. Un ser humano lleno de talento, espíritu y carisma que nos conmueva hasta los huesos, pero por fijarnos en el aspecto dejamos pasar de largo. Si no, pregúntenle a Simon Cowell a quien todavía le cuesta cerrar la boca ante la estupefacción que le produjo este gordito poco agraciado y con dientes torcidos. Un chorro de voz celestial que le dejó al odioso inglés atragantados los insultos que seguramente tenía guardados para el humilde concursante.

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