En este insólito universo de los blogs uno puede llegar a conectarse espiritualmente a alguien sin siquiera haberle visto la cara o escuchado su voz. Sólo a través del poder de la letra. Hay personas que tienen ese arte exquisito de plasmar en cada sílaba toda su esencia, su vivencia. Todo. Lo que hace que no se necesiten años leyéndole el alma a alguien para que la empatía surja de inmediato A veces bastan tres posts, la identificación absoluta hacia alguien y lo demás es puro instinto. Puro corazón.Marianna es una de esas personas con quienes me he conectado en muy poco tiempo. Su blog es relativamente nuevo, pero eso no importa. Me parece de conocerla de hace mil lunas. Tal vez porque ella se me parece tanto cuando yo tenía su edad. Así, apasionada, impetuosa, full de buena vibra, divertida, el alma de la fiesta, alegría de vivir a millón. Pero también muy valiente. Arrojada. Lista siempre para agarrar al toro por los cachos. Centradísima en lo que quiere. Y sobre todo en lo que ama. Y hoy su tragedia es la mía, porque yo compartí también parte de ese infinito amor por su Rey León, que - lo apuesto- se fué feliz y orgullosísimo de tener una hija con semejante temple. Claro, no en balde es hija de quién es: un hombre que ha debido de ser el mejor de mundo para llegar también a mi corazón en tan poquito tiempo y hacerme llorar como bebé por su tristísima partida.
Es por ello que da un poco de rabia ir al blog de LaDiffer y enterarse de la muerte de su Rey de un sólo trancazo, cuando lo que buscamos son buenas nuevas. Esperanza. Más vida. Y encontramos dolor. E interrogantes. Nosotros, los que quedamos aquí, nos preguntamos siempre cómo haremos para seguir abriendo caminos y conquistando sueños sin nuestro querido guía. Y hace falta que ruede mucha agua para caer en cuenta que el "sin" no existe. Porque, querida Marianna, para cuando te cases y tengas bebés y obtengas muchos otros logros no lo extrañarás: tu Rey estará más presente y más vivo que nunca jamás. Y sí, será "él" y no otro quien te conduzca orgulloso y feliz al altar. Lo sentirás. Lo intuirás. Si lo sabré yo que ya lo viví en carne y alma propia. Tu amado Rey te acompañará dondequiera que vayas. Siempre.
Aquí te dejo mi angelito particular y sanador. Te lo regalo. Te hará bien. Pero debo advertirte que ese beso no va para tí. Ese beso le pertenece al Rey León por derecho. Por haber sido -junto con el mío- el mejor papá del mundo. Un excelente ser humano que ya no sufre. Está feliz.♥♥♥♥♥♥
