Me operaron ayer. De emergencia. Para sacar una pelotica. De dónde, no importa. Lo que importa es que me recupero bien. Hoy ya estoy en casa. Y con la ayuda cómplice de la suegra escribo este post. Así que ya saben porque andaré desaparecida.
Los médicos gozaron un mundo, me dijeron. Ya en la camilla rumbo al quirófano sólo se me ocurría una pregunta. “Podremos viajar, doctor?”. Nada de la pelota. Nada de la anestesia. Sólo una inquietud. “Podremos viajar, doctor?”. Es que el viajecito en puertas había sido tan primorosamente planeado que daba lástima cancelarlo. No sé que me respondieron porque me quedé dormida al instante.
Al despertar, no hubo dolor. Ver la carita de mi esposo fué un alivio. Y hacia él dirigí mi ataque: “Podremos viajar?”. En una voz pastosa, como de drogadicta. Claro, aún andaba bajo los efectos de la anestesia.
No sé cuantas veces repetí lo mismo. Hasta que desde la lejanía se escuchó un eco: “Sí, sí, sí!”. Entonces y sólo entonces pude al fin entregarme a lo brazos de Morfeo, con el placer de imaginarme prontito haciendo maletas.
Y es que ni la pelotica sospechosa me quitó el pensamiento. Total, yo ya sabía que maligna no era. Así que el viajecito va. Me largo el 26 a pesar del quirófano y con la venia de mi médico. Sólo que ya no será Las Vegas, porque el esposito se enteró que podía cambiarlo para otro destino más de su gusto y yo la verdad no tuve fuerzas para oponerme. Pero ese será tema del próximo post. Ahorita me están regañando porque me duele la herida, me toca una pastilla y volver a la camita a descansar.....