Verdad

Dios es grande.
Se equivoca, sí -y de qué manera!-
Pero cuando arregla los entuertos ya no es grande.
Es enorme.
De eso me dí cuenta cuando me enteré
-al mismo tiempo-
que la amaba a ella
mucho más que a la niña de ojos morunos
-y dedos regordetes-
que nunca tuve,
pero que jamás me dejó sola.
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
No hay comentarios.:
Publicar un comentario