martes, noviembre 28, 2006

Una Tarjeta Real, por favor


Y no es que tenga nada en contra de las tarjetas virtuales, pero........

Yo soy a la antigua: es enviar y/o recibir una tarjeta real -de cartulina y hueso- lo que verdaderamente me conmueve siempre en Navidad. Ver todas las tarjetas que recibo desparramadas por los rincones de mi casa me llena de una exquisita sensación de compañía. Cada una es un amigo querido que a diario me da los buenos días desde el rinconcito de x paisaje invernal. O desde los confines de un pesebre. O desde una manga del abrigo rojo del inefable gordo. Un saludo que contrarresta siempre la perra nostalgia.

Desde hoy me estoy tomando el satisfactorio "trabajo" de escribir a mano y enviar mis tarjetitas navideñas. Serán muchas, como siempre. Se anexarán a la pila nuevos destinatarios , así como también se borrarán otros . Gente que , sin aviso y sin protesto, se perdió de mi mapa. Aquellas que viajarán a mi terruño, deberán ser despachadas esta semana. Algunas llegarán, con suerte, antes del 24. Otras más tarde. Y unas cuantas se perderán absurdamente en los vericuetos de un sistema postal malísimamente organizado. Lástima. Que las disfrute entonces quienquiera. Preferible eso antes de que se ahoguen entre el moho de la desidia. Aquellas mas afortunadas que viajarán a otros países sin el cáncer de un instituto postal más feo que pegarle a la abuela esperarán ansiosas ocupar un lugarcito especial en el hogar de quienes las reciban.

Como no tengo todas las direcciones de mis cuatro gatos que siempre se toman el trabajo de pasar por esta humilde casa y dejar su huella -sí, ustedes saben quienes son-. les pido que me las manden a mi correo electrónico. Lamentablemente mi comprometido tiempo no me da chance para un trabajo detectivesco más exhaustivo yendo blog por blog con el fin de averiguarlas . A menos, claro, que sigan prefiriendo mantener una férrea privacidad. O no les gusten las tarjetas. Vale. Vale todo y lo entiendo perfectamente.


A escribir entonces.


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sábado, noviembre 25, 2006

La Cena Glamorosa que no fué.........

.........y se convirtió en un maremágnum inaudito. La elegancia se fué de paseo con la etiqueta y las copas tan primorosamente dispuestas en hileras relucientes se mezclaron con los plebeyos vasitos plásticos. Las servilletas bordadas se escondieron en la gaveta aterrorizadas bajo el enjambre de aquellas ordinarias de papel insípido y sin estilo. Las sillas y muebles fueron insuficientes, pero a nadie le importó. Nos quedó la satisfacción imborrable de haber brindado a última hora nuestros espacios y nuestro calor de familia a un montón de personas sin nadie más con quien pasar tan solemne fecha. La cena que no fué sino una muchedumbre dentro de una casa que se hizo pequeña para los cuerpos pero donde siguió sobrando cariño a borbotones. Un día de Acción de Gracias para recordar. Porque gracias le dimos a Dios por tener la dicha de abrir las puertas de nuestra morada a muchos corazones solitarios que nos brindaron como sublime regalo sus mejores sonrisas. Y la promesa de que no olvidarán nunca el verdadero significado de la solidaridad humana.

Bendita sea la amistad.

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lunes, noviembre 20, 2006

Happy Feet o un domingo fuera de serie

Cuando una anda así como saturada de trabajo, no hay mejor cosa que agarrar a tu niñita e irte al cine. Y si te toca por bendita suerte una película como Happy Feet tu día está hecho. Porque no hay mejor cosa para desinflar el globo del cansancio que sacar el niño que tienes dentro. No sólo asomarlo por la puerta. Desatarle el cinturón de la sillita y dejarlo correr. Tumbar el mundo a carcajadas. Lanzar palomitas de maíz para el cielo y abrir la boca para atraparlas. Hacer ruidos con el pitillo de la soda. Ser infantilmente infantil. Hasta que tu propia nena te regaña. Don’t be silly. Pero qué importa, si cuando termina la función nos vamos corriendo a Barnes & Noble a comprarnos el soundtrack de la película. Happy Feet. Qué cosa más bella. Quiero volver a ver Happy Feet.

Me enamoré de Mumble, de Gloria, de Norma Jean y sobre todo de Ramón -genial Robin Williams- y los Amigos. Me enamoré –otra vez- de Somebody to Love y Boogie Wonderland. Memorables escenas. Y –oh, sorpresa- adivinen quién salió bailando de allí. Pero olvidé que los papeles estaban intercambiados -así como en la película ViceVersa- y entre su propia risa, mi nena me repitió incansable: Don’t be silly!

Hoy lunes he vuelto a mi estado natural. Pero feliz. Tengo a mi pingüinito Mumble conmigo. Mi amuleto infalible contra la adultez.


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lunes, noviembre 13, 2006

Doña Claus me resolvió !

Andaba depre. La luna, la regla, quién sabe. O sí que lo sé: el Thanksgiving es este año en casa – bueno, como siempre-. El "treintaiuno" gringo, la impelable reunión familiar. Veinte personas. Cinco que vienen de otros estados. No hay otra casa donde quepamos todos en un mismo espacio. Gracias a Dios no vivo en ésas donde hay cincuenta salones encajonados que no sirven para nada y todos terminan amuñuñados en el family room. Además que esta mesa de comedor es enorme. Doce personas. Y el resto, en la de diario y en el bar. Pero, y los muebles que faltan? Los que están viejitos? Lo que me falta en la cocina? Las lamparitas cool, las velitas, etc, etc? Andaba atacada...
Noo, una arquitecto que se respete no puede tener su casa hecha una revista de ayer. Primero muerta. Me salía renovación, sangre nueva. Miré mis tarjetas: me sonrieron burlonas. “No mijita, ya hemos llevado mucho palo”. Qué horror. Qué falta de solidaridad con quien les da abrigo siempre. Ni hablar de mis comisiones; ya estaban comprometidas en matrimonio con este santo varón. Entonces me acordé del año pasado. "Será muy temprano?", me pregunté. Ah, qué carajo! Lo peor es lo que no se intenta....

Así qué agarré el teléfono y llamé al gordo de rojo. Ocupado. “Seguro es la doñita que está pegada”, suspiré. Qué vaina llegar a viejo. Pagan los platos rotos de toda vaina. Sin amilanarme me conecté online y ..... oh, voilá! Allí estaba Santa en el msn:

Nostalgia says

Holaaaaaaaa

(quince segundos)
(Santa appears offline)

Ni lo disimuló el mal bicho. Hasta me bloqueó ahí mismo. Su madre. Pero una ariana que arrugue no es ariana. Nos damos trancazos, pero ahí seguimos. Dándole. Marqué el número de nuevo y me salió la doña.

- Hola, señora Claus- saludo con un manipulador dejo de tristeza.- Soy Nostalgia.

- Mi marido no está- me soltó sin anestesia y en tono cansado.

- No me cuelgue! –supliqué - Necesito desahogarme con alguien. Y quien más que usted que es mujer. Mi marido me engaña. Con el GPS. Vive enquistado al carro escuchando esa abominable voz. “Coge pa’cá, coge pa’llá”. Estoy al borde.

- Es que son todos iguales –refunfuñó la honorable dama.- Qué le verán al aparatico ése? Ya mi marido anda loco por uno.

- Cómo? Y Rudolph?

- Nah.... viejo y cansado. Se le van los tapones y pierde la orientación. Y los otros sin él son una cuerda de inútiles.

- Bueno, doña , prepárese: el viejo va a andar repartiendo todo el año con tal de no despegarse de la cosa ésa.

- Y qué hacer? – casi lloró la pobre ante la amenaza de infidelidad inminente.

- Yo tengo el remedio –dije sin pensarlo dos veces.

- Ah, sí? –se puso feliz- A ver, dímelo.

Qué cándida la vieja. No se da nada por nada.

- No mija –exclamé- primero a lo primero.

Y le solté mi historia triste de mueblecitos moribundos. Perolitos rotos. Sillas country. El gentío por venir. Mi credibilidad de diseñadora vanguardista guindando de un hilo. Prometiéndole, claro está, la solución a la futura infidelidad del gordo luego de la complacencia. La convencí como pude. Misia Claus no tuvo más remedio que ceder.

- Queda claro que si me engañas me llevo toda vaina el fin de mes- me soltó amenazante.

- No se preocupe- murmuré atragantada de la emoción- Ahí la llamo la semana próxima...

Y la doña cumplió. Gracias a sus poderes, pasé mi weekend comprando aquí y aquí y aquí y quedé feliz. Qué asco de consumismo. Merezco la horca. Pero tendré mi casita bella para este Thanksgiving. Mientras, se oyen sugerencias a ver que le invento a la misia para retener al gordo en casa después de Navidad.........


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miércoles, noviembre 08, 2006

De baños, banderas y trasnochos


Día revuelto el de ayer. Se desgastan y se renuevan emociones, expectativas. La visita a la Embajada venezolana en Washington siempre me deja noqueada. Uno va pendejamente alegre para conseguirse siempre una sorpresita que le ampute la felicidad . Llego allí y -de boca de una recepcionista que jamás sonríe- me entero de que no se puede ya ni hacer pipí con decencia. “No hay acceso público a los baños , señora”, dice aquella vocecita monótona, hueca, antipática. Y encima, me manda a ir al edificio de enfrente a orinar. Qué cojones. Y como en pleno centro de Caracas - estoy en mi país, no lo olvide- no valen demandas ni súplicas: a los meones no nos queda de otra que resistir los embates de la vejiga bajo la mirada impertérrita del insensible. Me quejo amargamente, claro. Pero como aún no termino mi trámite me sale aguantarme, practicando ese bailecito ridículo del que ya tiene el líquido en la puntica. Finalmente me dan mi vaina y salgo de allí esmollejada a alcanzar el hall del edificio de oficinas del otro lado de la calle. Oh, sorpresa: ya fuera del terruño Dios me premia con una recepcionista gringa, amable, sonriente y blanquísima que me presta la llave del recinto sanitario sin chistar – y seguramente requeteacostumbrada a hacer todos los días lo mismo por los venezolanos de enfrente -. Bravo. Me gustan estos americans racistas, demoníacos y sicópatas. Me gustan más que mis paisanos de enfrente. Cuándo c*** entenderán que orinar es una necesidad y no un deseo de joder?

De vuelta a la ciudad, me uno a la alegría de mi hija mayor. Vota por primera vez. Independientemente de mi animadversión a la política, me alegro también. Es mayor de edad. Y eso, también me da terror. Abre las alas y vuela, niña mía. Y se me hace un nudito. Pronto se irá casa, a estudiar lejos. Pero eso será tema de otro post. Pasan las elecciones para elegir a los representantes al Congreso de los EUA y -como un abrebocas al próximo Diciembre- me dejan trasnochada. Mi esposo no me ha dejado dormir, pegado de la TV all night long. No se define aún el resultado en el Estado de Virginia: el demócrata gana por medio punto. Y según la ley, debe haber recuento de votos. Ya por allí algunos republicanos me acunan en los brazos de la nostalgia, haciéndome recordar viejos tiempos – la palabra ”fraude” da para eso y más- . Me siento como en mi otra casa . Mientras, amanecerá y veremos. Por lo pronto, el arrase demócrata ha sido una cachetada en plena muela enferma a George W. Y los hispanos decidieron: 73% votaron azul. Es que no aprenden aún : somos muchos! Ya no podemos ser marginados e ignorados. Cambia el panorama a favor de los demócratas. Recuperaron espacios perdidos en el Congreso. Y gobernaciones. Se le hace roncha a Cheney la elección de Nancy Pelosi para presidir la Cámara de Representantes. Y todo ha sido una violenta respuesta a la administración Bush: Paguen por su mala política, carajo!

Y como me toca votar en el 2008 me las veré negras. Hillary Rodham Clinton viene arrollando. Y seguro irá por los azules. No me gusta. Aunque sea mujer y cuatriboleada. No me gustará – seguro- el otro tampoco. Es que, en esencia, estos politiqueros son todos la misma plasta. Exceptuando, claro está, a los racistas demoníacos y sicópatas que presten baños. A ellos, mis respetos.

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