jueves, junio 29, 2006

El Roble

Sí, he estado perdida. Y me ha hecho tanta falta el blog. Y los de ustedes. Y los otros. Me ha hecho falta perderme por un rato de algunas tristes realidades. Porque uno es humano y a veces, no dá más....

El juicio comenzó. Y continúa. En Octubre. Ilusos nosotros de pensar que todo acabaría ayer. Cuatro meses más de angustia. Nada se define aún. Y en el interín, van saliendo los vapores de una gran cloaca. Las heces. La fetidez. La obra de una mujer desquiciada. Toda su ardua labor para lavarle el cerebro a la niña -que no dió frutos-. Todas las amenazas. Y sobretodo, todas las calumnias. Qué mente podrida puede aseverarle a otros que abusamos sexualmente de nuestra pequeña? Sólo la de ella. La maldita serpiente que nuestras inocentes criaturas por desgracia tienen por madre biológica. Porque el vilipendio es el arma que los carentes de espíritu y de moral siempre esgrimen. Pero la víbora no contaba con el testimonio de nuestra más ferviente defensora. Nuestra hija. Que a pesar de nuestro deseo de no involucrarla se atrevió a desafiarla. Y desde sus invencibles once años y sus pecas como banderas fué capaz de decir valientemente y sin el menor titubeo la verdad. Ante leguleyos y terapistas. Ante testigos. Ante la arpía. Y sé que le dolió: es noble y bella mi hija. Pero ella se reconfortaba en nuestras miradas de amor y adquiría más fuerza. Y la ví tan gigante como realmente es. A nosotros sus padres no nos quedará vida suficiente para amarla y retribuirle todo lo que nos ha dado. Y más que nada, ayudarla a superar tan amargo trance y lograr que siga siendo una niña feliz. Un ser humano maravilloso.

Admiro a mi esposo -tan gallardo, tan caballero.- No pelea. No acusa. Todo lo deja en manos de nuestro abogado. Aún en los momentos más difíciles tiene un gesto de piedad por esa loca. Y no por ella. Por sus hijas. Porque no vale la pena inculcarles el odio. Y nosotros –y sobretodo las niñas- lo amamos más por ello. Por su infinito corazón. Sé que algún día la perdonará. Y las nenas también. A mí me costará un siglo, lo admito. Tal vez porque nada me une a ella.

Admiro a mi madre, que llegó en medio de una batalla campal en la puerta de mi casa. Con policías y todo. Ella ha sido un apoyo incondicional. Triste, claro está, porque ninguna madre quiere que un hijo viva momentos tan amargos. Pero ella se sobrepone y nos dá fuerzas. Y aunque no se entienden y se hablan por señas, ha sido una excelente compañera de juegos para las nenas. Y ellas la adoran como una abuela de sangre. Como si toda la vida estuvo allí, entre rosquitas de anís y cuentos de dragones y doncellas.

Admiro aún más a mi niña mayor, acompañándonos en esta lucha y siendo el pilar fundamental de su hermana. Jamás la ví tan solícita con ella. Tan cariñosa. Hasta sus peluches favoritos le ha prestado. Ella, tan celosa de sus cosas. Y me pregunto si sentirá alivio por haber sido ignorada por esa demente. O tristeza de que la madre nunca ha batallado así por ella. La respuesta me la dará el tiempo, cuando mi mente esté más clara. Mientras tanto, la abrazo con una muda pero aplastante gratitud.

Yo? Me abro entonces como la margarita y envuelvo a toda mi familia entre mis pétalos. Lloro, claro que sí. Soy humana. Y vulnerable. Pero tras la angustia viene la alegría de sabernos como el roble. Resistiendo con increíble temple todas las tempestades del mundo.

*******************

lunes, junio 19, 2006

Viene Maíta !!

Maíta era como la llamábamos cuando íbamos a vacacionar a su pueblo oriental. Entonces ella empezaba a llamar a la abuela de la misma manera. Como cuando era la negrita consentida y aún no se había enamorado del catire. El catire ése que se la había llevado a la capital después de luchar parejo para conquistarla.

Maíta viene! Me ha dado la sorpresa hoy y llegará el viernes! Y yo estoy tan contenta que me agarro dos días libres para arreglar la casa y comprarle almohadas nuevas. Y su shampoo favorito. Y el Cristo aquel que le gustó tanto para su cuarto. Y la hamaca que está vendiendo Julia la colombiana. Y las rosas para el jardín. Le voy a comprar tantas cositas que me va a regañar por botarate.
“Qué chucherías quieres que te lleve?” me preguntó maíta presurosa. “Ninguna. Sólo tus manos” le respondí, porque nunca me gustaron las chucherías ni me morí por los torontos y los cocossettes. En cambio, me clavo puñales por sus buñuelitos de yuca y sus mandocas. Por su asado negro y su pabellón -con las caraoticas dulcitas a punta de papelón-. Por su majarete y su dulce de lechosa. Por su torta burrera y su polenta. Por sus empanadas de cazón y tripa e’ perla. Por sus sancochos: de mero, de gallina, de res. Por su ceviche y su chupe de camarones : los mejores. Porque mi mamá es la mejor cocinera del mundo. Y aunque sustituye unos ingredientes inconseguibles por otros, la muy astuta se las arregla para que ni nos demos cuenta. Qué rabia que no salí a ella.

Maíta viene.....mmmmmm............

Y también , cómo no, ansío su compañía, su amor. No todo es la papa. No. Lo que pasa es que en esta casa , todos nuestros sacos tienen vida propia. Y escriben posts.

*******************

jueves, junio 15, 2006

A Carolina

Esto fué lo que seguramente dijo Dios cuando supo lo de Carolina......

Pero no por su muerte. Total, millones mueren cada segundo. Sino por el olvido al cual la condenaron. El silencio de los otros. La voz de protesta que nunca se alzó. La indiferencia de aquellos que se autoproclaman "sociedad". Todos ellos, por un motivo más que estúpido, olvidaron a Carolina. A ella, una chica que recién empezaba a vivir la vida adulta. Una jovencita que tenía -tal vez- las mismas ilusiones de mi hija de dieciocho. Los mismos sueños. Los mismos suspiros por su estrella de cine. El mismo ímpetu por caminar presurosa el sendero hacia el futuro. Las mismas maripositas en el estómago al soñar el amor bonito. Todo lo sublime de los veinte años que abyectamente le fué arrancado a Carolina de un sólo trancazo. Por otro monstruo. Uno de los millones que lamentablemente reptan por este mundo. Y al cual otros monstruos le hacen eco. Con una indiferencia que casi raya en la complicidad. Y los más obtusos se justifican con un desprecio infinito por su padre. Como si Carolina y todos los hijos del mundo tuviesen la culpa de lo que hacen o dejan de hacer los padres. Como si ellos estuvieran destinados a venir a este mundo para pagar los errores de los progenitores. Qué asco me da quienquiera que piense así.


Si tenía dudas de la putrefacción moral de nuestros medios , se me quitaron todas. Como también me he cerciorado de una manera devastadora que los muertos tienen etiquetas. Carolina cometió el "pecado" de ser hija de un militar chavista. Y por ello debe ser execrada a los confines de la indiferencia. O mejor no: " Que la lloren los rojos. Nosotros los de acá ya tenemos bastante con nuestros muertos."


Pero yo la lloro y no soy roja. Ni tampoco de allá. Ya no sé adónde pertenezco. La lloro y abrazo a mis niñas y le mando mi solidaridad a "ese militar chavista" y toda su familia. Mi solidaridad de madre y de ser humano, más allá de las etiquetas.





Descansa en paz , Carolina Di Lucca. Sé que tu alma, tan atormentada las últimas horas de tu vida, hallará regocijo arrellanada en la mejor nube que te ha preparado Nuestro Señor.

***************************

miércoles, junio 14, 2006

Mea Culpa

Hoy estoy triste.

Por primera vez en mi corta vida de casada me he peleado con mi gringo. Y todo por faltar a una de mis máximas de oro. No mezclar los negocios con nuestros asuntos personales. Así que me sale trabajar ese perdón. Porque fué mi culpa.

Entonces héme aquí planeando qué le cocino esta noche. Contentarle el estómago (que tiene vida propia) me hará bien. El tipo le mandará a mi esposo urgente mensaje al cerebro para advertirle que ceda. Antes que se me quiten los delirios culinarios. Y el ofendido? Obviamente dará su brazo a torcer, antes de imaginarse siquiera una rebelión gástrica. O dos días en Wendy's. Así que ya llamé a mi mamá para que me dé con urgencia su receta de asado negro (abstenerse voluntarios: como la de mi mamá no hay!), aprovechando el tremendo muchacho redondo que tenía durmiendo en el freezer. Con ese tubazo gastronómico, será que me perdona??

Me voy rápido por un vinito y el infaltable telefonazo a Grandma para que se lleve a la benjamina a su casa. La otra nena anda con la euforia del doble de Brad Pitt y no será mucha la cuenta que se dé, encerrada en su cuarto chateando con el galán.

Deséenme suerte.......con el asado.

******************

UPDATE:

Por andar bucéandome al arquerito polaco se me quemó el asado!! (es que habemos viejas babosas en esta vida, anónima..)
Son las 6:45 pm y a las 7 llega la comida que pedí del restaurante italiano (pero que por arte de magia ésta ciudadana cocinó) así que ayúdame San Onofre, para que el individuo no se aparezca antes de tiempo!!

*************

lunes, junio 12, 2006

Mi Equipo (al fin)


El sábado , en una reunión donde habían como cien nacionalidades, me preguntaron one more time a quién le iba en el Mundial de Fútbol. Yo había dicho hasta el cansancio que le iba a cualquiera que no perteneciera al grupo de los grandes. Estoy un poco cansada de que siempre ganen los mismos. Además , ya me he rasgado las vestiduras por alemanes, italianos y brasileros (en ese orden, desde el Mundial del 74) . Pero no más. No creo haber visto de parte de ninguno de ellos el más mínimo atisbo de euforia el día en que Venezuela se coronó en La Serie del Caribe. Ni celebración alguna por cualquiera de nuestros otros logros anteriores. Es más, ni se enteraron. Además que Venezuela les suena como un paisito al que le falta muuuucho para asistir a un Mundial (hasta con sarcasmo te lo sueltan así, en tu cara) Y a otros, ni les suena. Sólo mi familia gringa se ha emocionado conmigo y me ha acompañado en los triunfos criollos. Y los amigos de acá. Y mis profesores. Y mi vecino el del pitbull.

Entonces yo voy en este mundial a USA. "Ay, qué boluda! esos perdedores!!", me dijo Diana.
Ella es latina y aquí ha encontrado las oportunidades que jamás pudo encontrar en su país de origen. Dice ella que ya de aquí no se va. Pero no le basta la boca para hablar paja de los gringos cada vez que puede. Y yo me remonto a aquellos días de rumba en las tascas de La Candelaria donde algunos extranjeros residentes en el país , entre los vapores del vino y el aroma de un buen cocido, declaraban un desprecio inconcebible a nuestras costumbres. A la tierra adoptiva que los había acogido sin condiciones. A Venezuela. Sin respetar siquiera que era el país de sus hijos, el que les daba de comer. Y yo me quedaba ronca de tanto gritarles que se fueran por donde vinieron. Por malagradecidos. Me daban asco. Y hoy, no quiero ser como ellos.

Voy a USA porque me ha dado mucho. Porque es mi país adoptivo. Porque es la tierra natal de mis amores. De gente que me quiere. De gente que me apoya. Y porque también me siento en casa. Como se sentía el chino Hung cuando desde las tribunas del Universitario se quedaba sin voz cada vez que ganaba el Magallanes. Porque él sabía que la tierra que te recibe debe ser tratada al menos con respeto. Hasta que irremediablemente llegas a amarla.
En estos momentos USA pierde el partido con la República Checa. "Bien hecho, no pueden brillar en todo," grita un empleado. Y yo lo miro con lástima. La envidia lo carcome. Y con ella no se construye nada. Mucho menos cuando despotricas de un país donde tus hijos están teniendo las oportunidades que su tierra de origen no pudo ofrecerles. Pero él jura que se la está comiendo.

Así que voy a USA. Tal vez no hagan nada. Pero con la perseverancia y el entusiasmo que le ponen estos tipos a lo que hacen, no me sorprendería que llegaran lejos en un futuro. Y lo celebraré en grande. Si no por mí, al menos por mis hijas. Eso sí, los auparé hasta que el "paisito" despierte de sus letargo y se vista de vinotinto mi corazón.


****************