Andaba depre. La luna, la regla, quién sabe. O sí que lo sé: el Thanksgiving es este año en casa – bueno, como siempre-. El "treintaiuno" gringo, la impelable reunión familiar. Veinte personas. Cinco que vienen de otros estados. No hay otra casa donde quepamos todos en un mismo espacio. Gracias a Dios no vivo en ésas donde hay cincuenta salones encajonados que no sirven para nada y todos terminan amuñuñados en el family room. Además que esta mesa de comedor es enorme. Doce personas. Y el resto, en la de diario y en el bar. Pero, y los muebles que faltan? Los que están viejitos? Lo que me falta en la cocina? Las lamparitas cool, las velitas, etc, etc? Andaba atacada...Noo, una arquitecto que se respete no puede tener su casa hecha una revista de ayer. Primero muerta. Me salía renovación, sangre nueva. Miré mis tarjetas: me sonrieron burlonas. “No mijita, ya hemos llevado mucho palo”. Qué horror. Qué falta de solidaridad con quien les da abrigo siempre. Ni hablar de mis comisiones; ya estaban comprometidas en matrimonio con este santo varón. Entonces me acordé del año pasado. "Será muy temprano?", me pregunté. Ah, qué carajo! Lo peor es lo que no se intenta....
Así qué agarré el teléfono y llamé al gordo de rojo. Ocupado. “Seguro es la doñita que está pegada”, suspiré. Qué vaina llegar a viejo. Pagan los platos rotos de toda vaina. Sin amilanarme me conecté online y ..... oh, voilá! Allí estaba Santa en el msn:
Nostalgia says
Holaaaaaaaa
(quince segundos)
(Santa appears offline)
Ni lo disimuló el mal bicho. Hasta me bloqueó ahí mismo. Su madre. Pero una ariana que arrugue no es ariana. Nos damos trancazos, pero ahí seguimos. Dándole. Marqué el número de nuevo y me salió la doña.
- Hola, señora Claus- saludo con un manipulador dejo de tristeza.- Soy Nostalgia.
- Mi marido no está- me soltó sin anestesia y en tono cansado.
- No me cuelgue! –supliqué - Necesito desahogarme con alguien. Y quien más que usted que es mujer. Mi marido me engaña. Con el GPS. Vive enquistado al carro escuchando esa abominable voz. “Coge pa’cá, coge pa’llá”. Estoy al borde.
- Es que son todos iguales –refunfuñó la honorable dama.- Qué le verán al aparatico ése? Ya mi marido anda loco por uno.
- Cómo? Y Rudolph?
- Nah.... viejo y cansado. Se le van los tapones y pierde la orientación. Y los otros sin él son una cuerda de inútiles.
- Bueno, doña , prepárese: el viejo va a andar repartiendo todo el año con tal de no despegarse de la cosa ésa.
- Y qué hacer? – casi lloró la pobre ante la amenaza de infidelidad inminente.
- Yo tengo el remedio –dije sin pensarlo dos veces.
- Ah, sí? –se puso feliz- A ver, dímelo.
Qué cándida la vieja. No se da nada por nada.
- No mija –exclamé- primero a lo primero.
Y le solté mi historia triste de mueblecitos moribundos. Perolitos rotos. Sillas country. El gentío por venir. Mi credibilidad de diseñadora vanguardista guindando de un hilo. Prometiéndole, claro está, la solución a la futura infidelidad del gordo luego de la complacencia. La convencí como pude. Misia Claus no tuvo más remedio que ceder.
- Queda claro que si me engañas me llevo toda vaina el fin de mes- me soltó amenazante.
- No se preocupe- murmuré atragantada de la emoción- Ahí la llamo la semana próxima...
Y la doña cumplió. Gracias a sus poderes, pasé mi weekend comprando aquí y aquí y aquí y quedé feliz. Qué asco de consumismo. Merezco la horca. Pero tendré mi casita bella para este Thanksgiving. Mientras, se oyen sugerencias a ver que le invento a la misia para retener al gordo en casa después de Navidad.........

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