
Quien no tiene el suyo? Sí, cómo no ....que me voy a tragar el cuento de que todos son unos angelotes. El mío hasta tiene nombre: Darth Nost. Una entidad masculina. Y hasta hoy quise mantenerlo oculto. Pero ya no más. He decidido presentárselo al mundo entero -los cuatro gatos que leen este blog-. Les contaré de cómo sale a pasear Darth Nost cada cierto tiempo.
En Caracas , la oportunidad se presentaba en el Metro. En horas pico. Sólo hacía falta que algún aprovechado entre la muchedumbre enardecida propinara un agarrón en cualquier teta de nuestra materia para que Darth Nost me echara a un lado repentinamente y saliera a flote. Entonces no había víctima que se salvara de su iracundo proceder. Un codazo por la costilla al negrito del agarrón, una zancadilla al gordo que zarandeó a la viejita del bolso rojo, una patada en la espinilla al chico hediondo a zorrillo. Un coquito al carajito llorón, un pellizco en la nalga al atlético galán, un pisotón en el dedo gordo a la novia de éste. Cuando las víctimas reconocían al agresor y se disponían a tomar cartas en el asunto Darth Nost se retiraba raudo y veloz , protegido por el camuflaje perfecto del gentío apretujado. Entonces llegaba a puerto seguro, es decir la salida del Metro y volvía otra vez a desaparecer en los confines de mi subconsciente para dar paso a una fémina ecuánime y risueña que parecía no romper ni un platico de café.
Una vez mudada a este país, me dí cuenta de que no podía darle a Darth Nost oportunidad alguna de ponerme en peligro. Era yo y no él quien tendría que enfrentar las acciones legales por agresión. Así que evitaba las aglomeraciones efervescentes. Hasta que caí en la tentación del Black Friday. Las ventas el día posterior al Thanksgiving. Las masas frenéticas llevándose todo a su paso en las supertiendas. El marco perfecto para que Darth Nost hiciera acto de presencia.
El pasado viernes mi lado material me impidió ver lo que se avecinaba. El gentío era horroroso. El pandemónium era total. Yo sólo quería salir de los regalitos navideños de la familia. Darth Nost se aprovechó de mi vena capitalista e hizo de las suyas. Se le pasó la mano con una redneck marimacho y gigante que salió con un rodillazo en el muslo. Aunque mi esposo me confirmó luego que se lo merecía por abusadora, eso no justificaba el hecho punible. Después de cuatro horas , la amazona me encontró a la salida del local.
- You son of a bitch!
Llamó a gritos a un policía que se encontraba cerca. Este corrió a ver qué pasaba. La mujer gritaba.
- This bitch beat me up right over there!
Darth Nost había desaparecido, dando paso a esta vulnerable mujer. Mi esposo me esperaba en el auto. Ante la interrogadera del poli, yo sólo me deshice en lamentos, balbuceándole al cop que aquella tipeja me había confundido. Tan convincente fué mi actuación que la mujer terminó dudando y disculpándose con el poli por haberlo molestado.
Caminando hacia el auto, paré el teatro lacrimógeno. Suspiré aliviada, pero a la vez me sentí impotente. Ni siquiera podía nombrarle la mamá a Darth Nost; también era la mía. Entonces me hice un juramento: no más Black Fridays. No más Metros en horas pico. No más aglomeraciones. No más escenarios ideales para este monstruo. No más muchedumbres enardecidas. Paz, amor y tranquilidad por los siglos de los siglos.
No, no es cierto. No por los siglos de los siglos. Estoy segura que Darth Nost buscará otro modo de liberarse. Hasta tal vez me provoque echarme unos cuantos viajecitos a mi tierra y empezar a asistir a marchas del gobierno para que mi lado oscuro se sienta verdaderamente a sus anchas repartiendo coñazos entre los rojos.
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